Ambulante y el documental que duda de la realidad
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El origen del cine documental en México coincide con la llegada del cinematógrafo al país en 1896. Desde entonces, la proyección de breves escenas cotidianas inauguró una nueva forma de representar la realidad, y a lo largo del siglo XX el cine mexicano se consolidó como un medio para registrar de manera visual momentos clave del acontecer nacional. En la memoria colectiva está la cobertura fílmica de la Revolución Mexicana, la representación de un país próspero —aunque idealizado— durante el “Milagro mexicano”, o las imágenes del movimiento estudiantil de 1968 recopiladas en El grito (1968) de Leobardo López Arretche. 

Hoy en día, las nuevas tecnologías facilitan la documentación audiovisual realizada, individual o colectivamente, en torno a un tema concreto. Sin embargo, a la par de los avances también se presentan retos. En el actual panorama fílmico encontramos experiencias compartidas; espacios donde comunidades son representadas y voces se alzan en denuncias ante la injusticia. Pero también se abren puertas hacia la duda e introspección. ¿Lo que vemos y escuchamos es real? ¿En quién creemos en tiempos de desinformación y posverdad? ¿Nos guiamos por la verdad o por la percepción?

Acerca del cine documental como representación —o cuestionamiento— de la realidad, entra en escena Ambulante, A.C. y festival de cine fundado en 2005 por la productora Elena Fortes y los actores Gael García Bernal y Diego Luna. Su enfoque es la difusión de material documental y el diálogo comunitario en territorio nacional, especialmente en regiones con escasa exhibición y formación en este tipo de cine. Por este motivo entrevistamos a Itzel Martínez del Cañizo y Tzutzumatzin Soto, directora y programadora del festival. Ellas nos compartieron sus opiniones en torno a la importancia de la no ficción en el tiempo de la posverdad y la desinformación, así como el enfoque de Ambulante en este escenario. Ambulante celebrará este año su edición 21 entre los meses de marzo y mayo.

Ante una realidad cada vez más compleja en la que ponemos en duda la veracidad de lo que vemos y escuchamos, ¿qué papel desempeñan los documentales en este panorama? Para Itzel Martínez del Cañizo: “Desde hace mucho tiempo enfrentamos un cambio de paradigma alrededor de la imagen como evidencia de la realidad, y por tanto, como documento que sostiene lo verdadero”, refiriéndose a un panorama actual marcado por la irrupción de la inteligencia artificial, y al cambio radical en las reglas del juego al proponer un terreno inexplorado donde la realidad no es representada, sino simulada en un nuevo universo visual que cuenta con parámetros propios. 

Ante ese desafío, Martínez del Cañizo observa al cine documental como un espacio seguro para representar la realidad, en donde lo éticamente responsable es fruto de experiencias humanas, del enfoque intersubjetivo del documentalista y de lo que captura a través de la cámara.

Itzel Martínez Cañizo. Cineasta, investigadora y curadora de cine documental. Maestra en Historia del Arte en el campo de estudios sobre cine por la UNAM. Actualmente es directora general de Ambulante, de cuyo equipo de programación ha formado parte desde 2016.

En opinión de Tzutzumatzin Soto, la representación de la realidad a través del cine documental, siempre ha sido compleja e incluso hay quienes perciben una manipulación en la veracidad expuesta. Pero resalta los documentales —específicamente aquellos seleccionados para ser exhibidos en funciones públicas— como mecanismos que ofrecen espacios de diálogo y reflexión crítica. El documental no solo informa, sino que expande el conocimiento de temas desconocidos e incentiva espacios para promover diálogos críticos. 

El festival Ambulante, a través de su programación, ¿tiene en cuenta la problemática acerca de la posverdad y las noticias falsas? ¿Hay un papel que busquen cumplir hoy que antes no estaba contemplado? Itzel Martínez del Cañizo afirma: “Nuestro trabajo es responder a los procesos de los cineastas y dialogar con ellos. No nos toca responder, sino observar y dialogar. En ese sentido, Ambulante ha abierto lugar a las tensiones, las dudas y las experimentaciones”. Como ejemplo menciona la anterior edición del festival, en la que el programa Injerto exploró el uso de la inteligencia artificial en cortometrajes, abriendo preguntas y reflexiones en torno a los fenómenos actuales que impactan al cine.

Según Tzutzumatzin Soto, la incorporación de películas realizadas con inteligencia artificial en la Gira de Documentales, permite conocer las temáticas abordadas por nuevas herramientas narrativas, aunque también genera una opinión mixta dentro el público: “Hubo personas que odiaron la experiencia de esa curaduría que menciona Itzel: la estética, las historias, pero que agradecieron poder tener la oportunidad de ver compilaciones de obras realizadas de esta manera. Pasa también con documentales tradicionales, si así le queremos decir momentáneamente, que la voz en off del autor provoca que el pacto de lectura documental sea incómodo”. 

Tzutzumatzin Soto. Archivista e investigadora de la imagen, principalmente audiovisual. Head de Ambulante Presenta | Programadora.

En la era digital, diversos documentalistas buscan retratar la realidad en la que nos encontramos y el papel que juegan las redes sociales en la cotidianidad. Documentales como Llamarse Olimpia (2025) de Indira Cato —sobre la violencia digital– muestran por medio de investigaciones profundas que “no se trata ahora sólo del registro fidedigno, sino de la realidad que se construye sobre lo que pensamos que vemos”, señala Soto.

Aquí puedes leer la entrevista de Viridiana Ballesteros a Laura Miranda, directora de fotografía del documental Llamarse Olimpia.

Además de la exhibición cinematográfica, Ambulante lleva a cabo talleres enfocados en la formación y capacitación de cine documental. ¿Qué valor tienen los espacios de encuentro cultural y qué enseñanzas humanistas generan entre quienes participan en ellos? En estos tiempos, ¿tenemos que darle un nuevo valor al documental, o reconocer el peso que siempre ha tenido? Itzel Martínez del Cañizo recalca el aspecto formativo de los programas de Ambulante. El trabajo de educación continua va más allá de organizar talleres. Abarca actividades como conversatorios, clases magistrales con los documentalistas o cine debates, que privilegian la conexión entre el público, los documentales y la visibilización de cineastas regionales. Ambulante no sigue la metodología tradicional de otros festivales cinematográficos, su esencia es acercar el cine documental a comunidades y consolidar una red de apoyo entre realizadores.

Tzutzumatzin Soto añade que el nuevo valor del cine documental se halla en la diversidad. La posibilidad de experimentar diferentes narraciones, contextos y voces que complementan “mediaciones especializadas en lo cinematográfico”.

Numerosos documentales abordan temas tabú, lo que suele dificultar su exhibición ante públicos masivos o incluso un rechazo a priori de los mismos. ¿De qué manera Ambulante contribuye a que este tipo de obras logren un mayor alcance ante una audiencia más amplia? Soto explica que hay una gran variedad de documentales que abordan temáticas complejas: violencia, muerte, política, diversidad corporal, o que evocan recuerdos dolorosos: “En Ambulante no podemos suavizarlos para hacerlos digeribles, pero tampoco los lanzamos al vacío esperando que el público ‘aguante’ “, reconoce. Este contenido abre debates sobre el impacto que una cinta puede generarnos como audiencia.

Ha habido experiencias —relata Soto— en  las que, debido a la temática dolorosa de un documental, se han preguntado si el público requiere acompañamiento. “La clave ha sido contextualizar, invitar a dialogar, reconocer que no todos los públicos llegan desde el mismo lugar y que a veces una función masiva no genera lo que deseamos, que en primer lugar es la empatía”. 

Función de Leviatán (2012) en la última edición del Festival Ambulante.

Ambulante también proyecta documentales de distintas partes del mundo y ha realizado giras dentro y fuera de Latinoamérica ¿Cómo perciben el diálogo intercultural que se genera a partir de las proyecciones? ¿Ayuda eso en un mundo donde la desinformación está en el menú de todos los días? “La circulación internacional de documentales —relata Soto— no resuelve la desinformación global. Sin embargo, eso no impide que las proyecciones faciliten el rompimiento de paradigmas culturales y la ilusión de los problemas como únicos o aislados”. 

Tuztzumatzin Soto rescata un componente importante en el diálogo entre el público y el cine de no ficción, y es el papel de los exhibidores: “Un pueblo sin cines es una casa sin ventanas”, declara Soto al referirse a una consigna del Manifiesto de Exhibición Comunitaria realizada entre exhibidores mexicanos y colombianos de la que Ambulante fue parte.  

En un contexto marcado por la desinformación, la posverdad y la inteligencia artificial, el cine documental reafirma su importancia como un espacio crítico donde se cuestiona, debate y problematiza colectivamente. El documental no debe dar respuestas cerradas al espectador, sino invitarlo a la reflexión y al diálogo construido por experiencias humanas y miradas subjetivas de la realidad.

Es ahí donde radica la importancia de festivales como Ambulante, una mezcla de exhibición, formación y encuentros culturales que van más allá de las proyecciones cinematográficas. Además, visibiliza a talentosos documentalistas regionales, crea espacios de diálogo entre las comunidades e imágenes y la comprensión de la realidad vista con otros lentes. ¿Una idea demasiado idealista? Quizá, pero no olvidemos que lo colectivo es parte de la esencia del cine.

Ficha técnica:

Entrevista exclusiva con Itzel Martínez del Cañizo y Tzutzumazín Soto, directora y programadora del festival Ambulante, realizada en enero de 2026.

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