En su discurso de aceptación del premio a Mejor Película Animada por Pinocho (2022) en los British Academy Film and Television Awards de 2023, Guillermo del Toro declaró: “La animación no sólo es un género para niños. Es un medio para el arte, es un medio para el cine. La animación debe permanecer en la conversación”. Su discurso fue recibido con aplausos y abrió, de nuevo, el largo debate de la percepción que la industria cinematográfica tiene acerca de la animación: ¿qué llevó a que la animación sea vista como un género cuyo único público es el infantil?, ¿cómo romper con esa idea?
En el imaginario colectivo predomina el estilo de las animaciones estadounidenses y esto se debe, en buena medida, a la popularidad de dos producciones surgidas en los estudios Disney a principios del siglo XX: Steamboat Willie (1928) y el largometraje de animación cuadro por cuadro, Blanca Nieves (1937). Sin embargo, alrededor del mundo siempre han existido una gran variedad de discursos y técnicas para la animación.
Los inicios de la animación en el cine nos remontan a El hotel embrujado (1907), célebre corto de J. Stuart Blackton que popularizó la técnica cuadro por cuadro e inspiró el corto Fantasmagorie (1908) de Émile Cohl, el primero conocido de una animación tradicional dibujada a mano en película cinematográfica estándar. Las primeras películas animadas comienzan una década después con El apóstol (1917) y Sin dejar rastros (1918) del director y caricaturista Quirino Cristiani, mientras que en 1926, la animadora alemana Lotte Reiniger estrenó Las aventuras del príncipe Achmed, la película animada más antigua que existe. El apóstol está perdida y Sin dejar rastros fue confiscada por el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino para evitar, dada la temática de la película, una confrontación con Alemania.
En México, en 1916 se presentó el cortometraje animado Mi sueño, basado en el escrito homónimo del Gral. Salvador Alvarado. La animación mexicana se enfocó después en la realización de cortometrajes con Producciones AVA, que introdujo la técnica del cinecolor –un proceso de cine bicolor empleado en animación con una paleta de colores más restringida y más económica que el Technicolor– y se convirtió en uno de los primeros estudios mexicanos de animación. Después de varios cortos, Los 3 Reyes Magos (1976), de Fernando Ruiz y Adolfo Torres Portillo, se convirtió en el primer largometraje animado mexicano.
Ya a finales de siglo, Carlos Carrera atrajo atención internacional a la animación mexicana cuando su corto tragicómico El héroe (1994) ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes, la Mención Honorífica del Jurado del Festival Sundance y el Ariel a Mejor Cortometraje. La película abrió brecha para películas como Hasta los huesos (2001) de René Castillo, enfocada en la relación de la cultura mexicana con la muerte y premiada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.
Desde entonces, el interés en México por generar animación se potenció de forma exponencial. La innovación temática de Carrera y Castillo es más importante que nunca en esta época, en la que realizadoras y realizadores que estarán presentes en ANIMASIVO. Muestra de cine de animación del sur, expresan la incertidumbre que perciben sobre las problemáticas del país, la soledad y el desapego forzado de su cultura en busca de mejores oportunidades en el extranjero. Además, resaltan su preocupación sobre el machismo y la violencia en contra de las mujeres en cortos cuyo estilo complementa o contrasta con la narrativa. Por ejemplo, la técnica de cortos como Fábrica de ecos (2024) de Andrea Mondragón y Desdoblándome (2025) de Natalia Pájaro –parte de la programación de cortometrajes de la próxima edición del festival– reflejan la fascinante y retorcida naturaleza de la mente y la psicología humana.

La madurez de los temas y la innovación técnica también están en el foco de la nueva edición de Animasivo, centrada “en una exploración imaginativa del Sur Global, como un concepto fluido que no sólo es geográfico, sino también estético y político”. Su objetivo es romper con las estructuras narrativas tradicionales, oponiéndose al totalitarismo de la hegemonía global para mostrar la libertad, diversidad e inclusión en la animación.
Varios cortometrajes de la programación reflejan las situaciones sociales que atraviesa país. Aferrado (2024) de Esteban Azuela, por ejemplo, usa una técnica de animación innovadora que nos remite a la estética de videjuegos como Grand Theft Auto (GTA), optando por un efecto de buffering (una carga incompleta en un programa o aparato tecnológico) para reflejar la ansiedad y el vacío del protagonista, un reparador de autos con una peligrosa doble vida. La Banda Bastön-Degeneración Nacional (2024) de Nespy 5 Euro mezcla acción en vivo con animación tradicional en tonos de blanco y negro para expresar el caos y la decadencia de un país poblado por la violencia y la corrupción. Por su parte, Te prometo violencia (2025) de Juan María León presenta un estilo ameno y colorido al hablar de las repercusiones de la violencia en la que vive su personaje, cuyos pensamientos se reflejan en pantalla mediante el cambio de colores y de estilo de animación.
La programación se acerca también a la problemática migrante. En El tono del mar (2023) de Mica Bolaños Meade, la animación cuadro por cuadro crea la sensación de habitar en el pequeño mundo de una migrante mexicana, llena de anhelo por su gente y su hogar. En La trenza (2025) de Ramas Ramales, los personajes se encuentran conectados tanto por los trazos de color granito, como por una trenza que da nombre al corto; el diseño de personajes refleja inocencia y bondad frente a las dificultades, el sufrimiento y el dolor de sus circunstancias. Finalmente, Nyanga (2023) de Medhin Tewolde Serrano nos lleva a los principios de la animación –Las aventuras del príncipe Achmed–, al utilizar la técnica del teatro de sombras, aportando sensación de antigüedad e historicidad.

Los cortometrajes Nada siempre (2024) de Gabriela Anaid López Ruiz y Ser semilla (2024) de Julia Granillo Tostado, profundizan en la misoginia y la violencia en contra de las mujeres, reflejando en su técnica la inocencia y simplicidad que se pierde al enfrentar situaciones de opresión y violencia.
En la programación del festival también podemos encontrar cortos como Antes de entrar, permita salir (2023) de Alejandro García, una comedia acerca de las tribulaciones de viajar en el metro de la Ciudad de México… ¡como sardinas!
La animación no debe encasillarse en un estilo ni en un público objetivo, como las infancias. Las técnicas artísticas sirven para reflejar circunstancias geopolíticas y problemas sociales, aportan un peso distinto a otras narrativas que se limitan a la acción en vivo por la gravedad o madurez de los temas. Romper con estos estigmas le brinda a la animación la libertad que se debe, la técnica sin límites. Animasivo tiene un papel muy importante al subrayar en todas sus secciones –pero en particular en la de Cortometraje Mexicano de este año– que la animación también es cine. Por lo tanto, dialoga frontalmente con públicos adultos interesados tanto en el arte como en los discursos que el cine entrega.

En este texto revisamos brevemente la Sección Cortometraje Animado Mexicano de Animasivo, a realizarse en marzo de 2026.
Viridiana Ballesteros Villalobos
Apasionada por las artes, especialmente el cine. Fue parte del jurado en La Matatena Festival Internacional de Cine para Niños… y no tan Niños, y ha participado en diplomados y cursos de realización cinematográfica. Disfruta de la lectura, la pintura, la música y la danza en su tiempo libre.

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