Brasil 70, una jugada para la historia
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Yo creía que ver fútbol era algo que no tenía sentido: veintidós jugadores corriendo de un lado al otro tras un balón. No me detendría a ver un juego y tampoco lo haría con una serie sobre este deporte. Pese a esto, Brasil 70 –una de las propuestas de Netflix para la temporada mundialista– consiguió plantearme la experiencia de una forma distinta. Tras aceptarlo, surgió la pregunta: ¿qué representa el número “70” del nombre para alguien que, como yo, no sabe nada de este juego?

La serie pone en escena el Mundial de Fútbol de 1970 que se realizó en México y en el que Brasil se convirtió en el primer tricampeón del torneo. La narrativa es muy particular: el montaje consigue meternos a un cómic viviente. Los jugadores son presentados en recuadros con letreros tridimensionales, como si fueran onomatopeyas de sus propios nombres. Tras un segundo, vemos al mítico futbolista Pelé suspendido en el aire mientras escuchamos una lluvia de comentarios sobre él, “el Rey”… Y un segundo después la tensión del partido se va al límite.

El narrador da contexto a quienes somos ajenos (¡muy ajenos!) a la cancha. La cámara se vuelve loca mostrando jugadas desde todos los ángulos posibles: arriba, abajo, alternando entre el balón, los jugadores, el portero y los aficionados que, igual que nosotros, devoran sus uñas con desesperación. Y justo ahí, cuando intentaba recuperar el aire tras soportar segundos eternos de caras angustiadas y balones flotando en cámara lenta para saber si entraban o no a la portería, algo me hizo clic y volé a Supercampeones… ¡Oliver Atom ya me había hecho explotar el corazón con una pelota!

Vale la pena subrayar, desde ahora, que esta serie es más que fútbol. Cada capítulo es una jugada para la historia. Nuestro protagonista es el futbolista más joven en ganar una Copa del Mundo, Pelé, jugando en doble posición: por un lado será el símbolo del equipo brasileño (eso lo entendemos hasta quienes no sabemos de fútbol) y por otro, el héroe y guía del pueblo más allá del balompié. Su complemento es el entrenador João Saldanha, un opositor férreo a la dictadura gobernante en Brasil en esos años, que sabe perfectamente lo que implica estar al frente de una selección: “Me acaban de dar el mayor micrófono del mundo” le comenta a su esposa tras ser elegido entrenador nacional. Estos dos personajes reales se presentan con toda naturalidad en lo que, evidentemente, es una ficción. Pero ese cruce dota a Brasil 70 de un tinte claramente político. Aunque parezca difícil unir política y fútbol, la serie deja claro que ambos son los pilares sobre los que descansa su relato.

Mário Zagallo, Pelé y João Saldanha, interpretados por Bruno Mazzeo, Lucas Agrícola y Rodrigo Santoro, respectivamente. Cortesía Netflix.

Todo comienza cuando Saldanha (que también fue periodista) impulsa a Pelé (que se siente perdido y derrotado) a jugar nuevamente con su selección. Es parte de una estrategia: sabe que el astro brasileño es visto y respetado por su pueblo y está decidido a llevarlo al campeonato para —lo tiene muy claro— devolverle la esperanza a un país oprimido. La serie acierta al introducir poco a poco señales de la situación que vivían los brasileños en ese entonces. Vemos a funcionarios del Estado pidiendo favores a la selección, vigilada en todos los entrenamientos por el ejército. La trama política se va revelando.

Ese tono no es mera decoración, es el campo de juego detrás del fútbol. Brasil 70 es el pretexto para darle voz a un hecho poco mencionado pero relevante en la historia. Brasil, al igual que muchos países de Latinoamérica, padecía en esos años de represión política y los medios de comunicación no mostraban nada de lo que ocurría. Para dar una idea: en México, a solo dos años de este mundial, había ocurrido la masacre de Tlatelolco de 1968, en la que fueron asesinados estudiantes universitarios que salieron a manifestarse. Luego el “Halconazo” en 1971, una nueva represión hacia las juventudes orquestada también desde las cúpulas del gobierno. Los poderes, local y regional, buscaban silenciar los conflictos sociales y las luchas por los derechos.

Bajo este marco de represión es inevitable pensar en cómo Saldanha busca siempre manifestarse: “Se acabó la dictadura de las posiciones fijas” le dice al equipo al estructurar su estrategia de juego y para lanzar al mismo tiempo una pulla al sistema. Utiliza su posición como entrenador de la selección para dar noticias de Brasil frente a la prensa mundial y usa los reflectores a su disposición para intentar ayudar a su pueblo. Ello, por supuesto, provoca su salida anticipada de la selección, obligándolo a encontrar otra forma de hablar sobre las injusticias que ocurren en su país.

La selección brasileña tampoco acepta con facilidad a su nuevo entrenador (Mário Zagallo), quien cumple en lo deportivo pero no deja de instrumentalizar a Pelé en un ejercicio de autolegitimación. Es, podemos decir, una representación del poder impuesto y antidemocrático. El jugador responde con una mezcla de apatía y rebeldía y se convierte también en figura del aficionado, del pueblo brasileño, obligado a callar y obedecer ante sus gobernantes. Pero que también es un pueblo que, como él, aprenderá a creer en algo más y a levantar la voz. Ambos (aficionado y pueblo, que son también lo mismo) desconocen los alcances de su poder. Pelé descubre el suyo y se transforma en el verdadero líder del equipo en lugar de la autoridad impuesta.

Zagallo dirigiendo a la escuadra brasileña en vestidores antes de un partido. Cortesía Netflix.

Los aficionados y sus prácticas son presentados con una cercanía particular. Como el niño que decide no ver un juego para que —por casualidad y cuando no mira— su equipo anote y gane. O la televisión compartida en el patio para que los vecinos se reúnan a ver a su selección. Algo me vuelve a hacer clic: eso no es exclusivo de los aficionados al fútbol. Todos tenemos un objeto de la suerte, una playera que guardamos porque algo increíble nos pasó con ella y todos, a través de esos amuletos, podemos hacer comunidad alrededor de la esperanza. El fútbol ya no se siente tan ajeno como creíamos.

Nada de esto es accidental. Detrás de la serie está la dupla de directores Paulo y Pedro Morelli y es ahí cuando todo cobra sentido. Paulo es el director de Ciudad de hombres (2007), película surgida de la serie homónima donde vemos la vida cotidiana en las favelas de Río de Janeiro. Su mano se nota: sabe retratar la tensión de la represión militar sin perder la mirada íntima hacia la gente común, hacia las calles, hacia la cotidianidad del pueblo brasileño. Pedro, por su parte, ya había roto las fronteras entre el cine y la novela gráfica en Zoom (2015), una película alucinante sobre un bucle de ficción que atrapa a tres artistas: cada uno de ellos es el creador del otro. Ahí está él en el montaje vibrante que convierte la pantalla en un cómic viviente, con letreros tridimensionales y estética pop.

Juntos lograron algo nada sencillo: demostrar que la docuficción no está restringida a un formato plano y predecible. Las herramientas del cine de ficción sirven para construir una obra donde la forma y el fondo político pueden jugar en el mismo equipo.

Al final, tal vez el fútbol no será una de mis pasiones, pero descubrir a través de esta serie lo que ocurría en otros lugares y en otros tiempos es una veta histórica fascinante. Pensar que detrás de eventos que parecen no tener conexión se esconde tanta complejidad, me hace reconsiderar por completo mi forma de ver a este y otros deportes. Todos aportan lectura histórica, social y, por supuesto, cultural.

Lo he comprobado. Brasil 70 es el equivalente cinematográfico a Supercampeones: cuando el juego parece llegar a su fin y nuestros héroes están a punto de perder la fe, la serie cambia la jugada, estira el campo hacia la realidad histórica y te deja al borde del asiento, queriendo saber cuál será el siguiente movimiento en este tablero de ajedrez político. La coronación de Brasil en la Copa Mundial de México 70 se convierte en un fenómeno de muchas capas. Visto desde la óptica de ese pueblo tan bien retratado por Paulo y Pedro Morelli, el campeonato no legitimó a la dictadura de ese país. Le dio una dosis de rebeldía, dignidad, orgullo y felicidad verdadera a un pueblo que se negaba a ser silenciado.

João Saldanha (Rodrigo Santoro), dirigió a la selección brasileña en las eliminatorias sudamericanas para la Copa del Mundo de 1970. Cortesía Netflix.
Ficha técnica:

Brasil 70
(Brazil 70 – A saga do tri, Brasil, 2026)
Direccion: Rafael Dornellas, Paulo Morelli, Pedro Morelli
Reparto: Rodrigo Santoro, Lucas Agrícola, Maicon Rodríguez, Bruno Mazzeo
Guión: Álvaro Mamute, Maíra Oliveira
Fotografía: Alexandre Ermel, Kaue Zilli
Cinco episodios
Disponible en Netflix

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