El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, un terremoto de magnitud 8.1 en la escala Richter sacudió la Ciudad de México. Miles de muertos, edificios colapsados y un gobierno ineficaz encabezado por el conocido “gris rata” Miguel de la Madrid provocaron una transformación en el paradigma social. Lo que comenzó como una tragedia terminó por consolidar la ruptura en la relación posrevolucionaria entre el PRIato y el “pueblo” gobernado.
Las consecuencias no solo fueron materiales. El 85 cambió la vida pública y perforó la entonces impenetrable esfera política, debido al vacío dejado por el terremoto. Por primera vez en la historia de México, la ciudadanía tomó acción y se consolidó como un cuerpo autorepresentativo fuera del paternalismo de un “Estado benéfico”.
Cada minuto cuenta (2025), serie original de Prime Video dirigida por Jorge Michel Grau, intenta mostrar por primera vez la transformación sociopolítica en los distintos sectores de la población y su relación con las negligencias estatales surgidas tras el terremoto. Después del éxito de la primera temporada, su segunda y última parte se estrenará en septiembre, conmemorando el 40 aniversario del 19-S a través de la plataforma de streaming.
Desde su estreno, lejos de su representación histórica, esta serie se ha posicionado como una de las producciones más importantes de los últimos tiempos en México e Iberoamérica, al ser el primer proyecto en la región en implementar la Virtual Production, así como por la ardua investigación detrás de la minuciosa recreación de los escenarios citadinos del entonces “Deefe”.
La nueva tecnología —instalada por la producción en los Estudios Churubusco— consiste en una pantalla LED curva de 200 metros cuadrados, capaz de proyectar entornos digitales a 270 grados y de generar un recorrido simultáneo al movimiento de la cámara o del actor, como si se tratara de un videojuego. En palabras del propio Jorge Michel Grau: “Si Ingmar Bergman hubiera filmado sus películas en esta época, hubiera podido hacer dos días continuos de hora mágica y hubiera sacado sus escenas mucho más rápido”.
Esta no es la primera vez que Grau representa el terremoto. En su largometraje 7:19 (2016) mostró a las víctimas bajo los escombros desde la intimidad de una conversación. Ahora, en Cada minuto cuenta (2025) apuesta por un producto de gran escala concebida bajo los estándares del mercado audiovisual. Esto implica el abandono de la narrativa y el lenguaje propositivo de 7:19, para dar paso a una obra de alcance masivo, accesible y orientada al entretenimiento de un público general. De esta manera, la recreación del terremoto y de la ciudad devastada adquieren un realismo de fuerte impacto visual y monumental, donde la espectacularidad se convierte en la pieza fundamental de la obra.

La aparente priorización del músculo técnico sobre el resto de elementos no solo en la realización sino también en el marketing de la serie, genera preguntas de suma importancia para comprender mejor su posicionamiento. ¿Es acaso el valor de producción más importante que la representación histórica? ¿O será que, a través de estas tecnologías y sus alcances masivos, la memoria colectiva puede recuperarse?
Al no existir una propuesta “autoral” en la forma de representar los hechos, la obra se enmarca en un discurso que llama a la unidad social, donde reside gran parte de su relevancia. Pocas obras han considerado el terremoto del 85 como un hito en la historia política de México, con excepción de aquellas pertenecientes autores e intelectuales como Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska. A pesar de su naturaleza mainstream, Cada minuto cuenta (2025) reconstruye la forma de pensar esta tragedia como un capítulo marcado por la negligencia y la corrupción política, pero también por la movilidad social, dando “testimonio” por primera vez a voces silenciadas ante las condiciones políticas dominantes en el imaginario cinematográfico nacional.
Como recuerda el historiador Francisco Peredo, citando al profesor Robert Rosenstone: “en muchos lugares (…) los cineastas han estado haciendo un esfuerzo consciente para recrear pasados que el cine tradicional ha ignorado o reconfigurado siempre en su entera conveniencia. Al darle voz a quienes no la tienen, algunos de esos cineastas han creado un equivalente fílmico de la nueva historia social” (Cine y literatura, prensa e historia cultural, 2020, p. 27).
La serie resalta por su trasfondo documental, asesorado por el cronista Iván Salcido, cuyo trabajo consistió en rescatar historias que quedaron fuera de la narrativa oficialista implantada por Televisa. Casos importantes, pero “censurados” en su momento, como el derrumbe del Hospital General, el edificio Nuevo León en Tlatelolco, el CONALEP SPP y el caso de las costureras, construyen la serie desde esas periferias históricas, a medida que reconstruye una nueva mirada para intentar comprender el 85.

La politización del discurso, que no solo se mantiene en la representación “dentro de la pantalla” sino también en el marketing —opacado por el uso de la Virtual Production—, resulta de sumo interés al tratarse de una producción masiva de Prime Video. Por este motivo, la obra termina brillando más por su capacidad industrial y su alcance mediático que por su propia historia. Al presentarse como una reivindicación y recuperación histórica de un momento tan importante en el México moderno como lo fue el terremoto, Jorge Michel Grau incide en la realidad actual: “Hoy en día vivimos en un momento muy polarizado (…) donde la sociedad está muy alejada, muy separada (…) Y la serie era un pretexto para recordarnos cómo somos capaces de dejar eso a un lado y hacer un proceso de reconciliación para perseguir un bien común”, afirma el director en una entrevista para TV UNAM.
La importancia de Cada minuto cuenta (2025) reside entonces no solo en ser un hito en la industria cinematográfica mexicana, sino también en el uso de la financiación y los espacios masivos de streaming como una nueva forma de provocación cultural. Cabe preguntarse qué posibilidades albergan para futuras producciones en México y cómo se utilizarán estos recursos —y financiamientos— para generar nuevas narrativas capaces de llegar a un público masivo e incidir en él.
El éxito simultáneo de producciones como Un extraño enemigo (2018), Nadie nos va a extrañar (2024), Tengo que morir todas las noches (2024) o incluso la reciente Chespirito: Sin querer queriendo (2025) sugiere que la reconfiguración de nuestro pasado histórico podría no ser un caso aislado en Cada minuto cuenta (2025), sino la semilla de una tendencia creciente en el cine y las series nacionales, especialmente impulsada por las plataformas de streaming. Estos espacios, caracterizados por su alcance y su relativa libertad, abren la posibilidad de que, a través del entretenimiento, más creadores se atrevan a explorar los pasajes incómodos, silenciados o complejos de nuestra historia social y política, respaldados por grandes presupuestos y tecnologías de mayor calidad, que acercan a nuestra industria hacia su consolidación.

Cada minuto cuenta – Segunda temporada (México, 2025)
Dirección: Jorge Michel Grau, Moisés Ortiz Urquidi, Fernando Urdapilleta
Reparto: Osvaldo Benavides, Maya Zapata, Antonio de la Vega, Jesús Zavala
Guion: Alfredo Félix-Díaz, Jorge Michel Grau, Victoria Orvañanos, Natalia Quevedo, Alejandro Valenzuela, Venancio Villalobos
Fotografía: Jerónimo Rodríguez García, Santiago Sánchez
Diez episodios
Jorge Demian Torres Trejo
Carrera y facultad: Literatura Dramática y Teatro, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Una semblanza breve: (CDMX, 2004). Artista interdisciplinario y crítico cinematográfico. Ha sido nominado en el Festival Internacional de Cine Mínimo por su cortometraje Marchita. Recibió una mención honorífica en la 13° edición del concurso de crítica cinematográfica Fósforo.

Muchas felicidades Demian.
Cada logro en tu carrera lo aplaudimos y celebramos sabiendo que llegarás muy lejos haciendo lo que tanto te gusta.
Abrazos de parte nuestra con mucho cariño.
Muchísimas gracias por leer y por comentar. Es un gran texto, sin duda.