Capitana Partera: El cine que da a luz
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   “Las parteras nunca han desaparecido, han estado ahí siempre, al cuidado de las mujeres, al cuidado de la comunidad y compartiendo saberes”.

María Guadalupe Becerra en Capitana Partera

El cine documental, particularmente aquel que nace del semillero universitario, tiene la capacidad de explorar narrativas auténticas partiendo de su libertad temática. Los jóvenes cineastas encuentran en este género un puente para visibilizar realidades, plantear inquietudes y denunciar problemáticas sociales. 

Como bien define la vocación del Premio José Rovirosa, reconocimiento creado por la UNAM para honrar la memoria del cineasta y reafirmar la importancia del género de la no-ficción, entiende que la mirada joven no es una mirada ingenua, sino una que con frecuencia está dispuesta a hacer preguntas incómodas y cuestionar las estructuras establecidas, proponiendo nuevas formas de observar, narrar y comprender nuestro presente.

En su 29ª edición, el Premio José Rovirosa a Mejor Documental Estudiantil Mexicano fue otorgado a Capitana Partera (2025), dirigido por Rosalina Estrada Medina y Lizzie Hernández, estudiantes de la Universidad de Guadalajara, por ser un reflejo nítido de la mirada joven que el premio busca impulsar, una que es valiente y se atreve a mirar de frente historias que  permanecían invisibles.

El pasado 13 de noviembre, Rosalina Estrada Medina y Lizzie Hernández recibieron el reconocimiento que las acredita como ganadoras del premio José Rovirosa a Mejor Documental en la categoría Estudiantil. Cortesía: Filmoteca UNAM

Capitana Partera nos sumerge en la labor de Casa Tashiwa, un colectivo de mujeres en Jalisco dedicado a brindar asistencia, información y acompañamiento a quienes deciden parir en casa. María Guadalupe Becerra Galarza, enfermera militar de formación, es quien impulsó este proyecto de la mano de un equipo de parteras tras recordar su primera experiencia hospitalaria asistiendo un parto. 

El recuerdo está marcado por un entorno de violencia obstétrica, revelando un patrón doloroso que se repite hasta el día de hoy. Esta forma de violencia ejercida por las instituciones de salud se manifiesta en un trato deshumanizado y en la transgresión del derecho a vivir un parto digno. Son frecuentes los testimonios de gritos hacia las pacientes, intervenciones no consentidas o la negación del acompañamiento.  

Esta problemática ha sido señalada dentro del sistema público, pero no exclusiva de él. Migrar a servicios privados no garantiza un entorno libre de violencia y sitúa el parto humanizado en una lógica de privilegios que no resuelve el problema estructural y cultural de la violencia obstétrica en México. Lizzie Hernández, directora del documental comparte:  “En mi historia de parto entendí que cosas que mi mamá contaba (incluso con humor), en realidad se trataban de violencias, conductas que muchísimas mujeres normalizan, y que influyen en cómo viven su posparto”.  

Ese reconocimiento de lo que antes se nombraba “normal” contribuye a un paradigma que ha comenzado a cambiar, resultado de mujeres como María Fernanda Vara Martínez y Alejandra Rodríguez Ruiz que han elegido vivir su parto acompañadas de Casa Tashiwa, un entorno donde la atención prioriza a la mujer y el conocimiento de su propio cuerpo.

La partería, pilar de la medicina tradicional indígena, resguarda un legado de saberes ancestrales cultivados a lo largo de todo el territorio mesoamericano. Ejemplo de ello es la cultura náhuatl, en donde las parteras eran conocidas como ticitl, o tlamatquiticitl. En ambas cosmovisiones se trata de sanadoras, mujeres que cuidaban de otras mujeres, entendían los ciclos del cuerpo y sabían escuchar lo que la medicina moderna a veces olvida. Conocimientos sobre el embarazo, el parto, el posparto y el cuidado del recién nacido son elementos que hacen de la partería un elemento clave dentro de la identidad cultural de México, y lejos de ser una práctica del pasado, hoy renace como símbolo de sororidad y conocimiento comunitario.

Lejos de ser una práctica del pasado, la partería en México renace como símbolo de sororidad y conocimiento comunitario.

Las directoras de la película parten de un proceso profundo de investigación, indispensable para retratar las prácticas de la partería en México y los rituales que comprende. En el documental la cámara no se involucra desde una mirada exotizante, sino desde la creación de un ambiente íntimo y de respeto que se ve reflejado en cada una de sus decisiones estéticas.

La atmósfera del documental está construida enteramente desde la cercanía. Con una iluminación que parte de la calidez de las velas y un diseño sonoro que se encuentra lejos del caos y las órdenes médicas que comúnmente suceden en un quirófano. En su lugar, el proceso de parto se acompaña de cantos. En palabras de su directora, Rosalina Estrada Medina: como creadores, a veces nos preocupamos más por dónde colocamos las luces que por el hecho de trabajar con la realidad. La grabación del parto fue un reto creativo en tanto que la imagen buscaba transmitir intimidad sin llegar a ser invasivas. Nos volvimos invisibles y lo prioritario era acompañar el momento que Alejandra estaba viviendo”.

La cámara se vuelve una extensión del equipo Tashiwa y la dirección de fotografía abandona los planos generales para refugiarse en el uso de primeros planos cargados de simbolismo: encuadres que detallan los pétalos de una rosa, la textura de un chal, hierbas medicinales, pero fundamentalmente las manos: manos que soban, manos que tejen una corona de flores, manos que encienden una vela, manos que intencionan y manos que sostienen.

En el marco del 25N, la violencia obstétrica es un recordatorio de las violencias estructurales que enfrentan las mujeres en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Capitana Partera dialoga con una realidad institucional compleja, como la existencia de la Guía para la Autorización de las Parteras Tradicionales de la Secretaría de Salud, que define a las parteras como “personal no profesional”, mientras que el documental nos muestra a mujeres con un conocimiento demostrable, quienes ven su labor como una forma de vida y una filosofía que va más allá de un trabajo.

Esta tensión entre la etiqueta burocrática de “personal no profesional” y la maestría que vemos en la pantalla nos invita a replantear el futuro del nacimiento en México. Y no es un debate menor, sobre todo si consideramos que en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, el INEGI dio a conocer que de las mujeres de entre 15 y 49 años de edad que tuvieron parto o cesárea entre el 2016 y el 2021, 31.4% sufrieron violencia obstétrica. La dimensión de estas cifras es alarmante y reafirma que no se trata de casos aislados.

Mientras la institución busca autorizar e integrar a las parteras bajo sus propias reglas, Capitana Partera inspira la reflexión de un futuro en el que la salud no dependa de intentar meter la tradición en un formulario, sino de permitir que su filosofía de contención y humanidad dialogue con la técnica médica y la renueve desde adentro.

Finalmente, es necesario nombrar y agradecer a quienes tejen esta red de sostén y vida, las integrantes de Casa Tashiwa: Eduwigez Muñoz García, Elvia Mora Gámez, Fanny Fitz Hernández, Gabriela Tinajero Ríos, María Magdalena García Mariscal, María Guadalupe Becerra Galarza y Martha Emely Sánchez Salas. Su labor nos recuerda que la contención es, en sí misma, un acto revolucionario.

 

Fuentes de Consulta:

Ficha técnica:

Capitana Partera (México, 2025)

Dirección: Rosalina Estrada Medina, Lizzie Hernández 

Reparto: Lupita Galarza y Elvia Mora Gámez Yohualli

Guión: Rosalina Estrada Medina, Lizzie Hernández 

Fotografía: Rosalina Estrada Medina

Edición: Renata Amaris 

Duración: 30 minnutos.

Entrevista exclusiva con Rosalina Estrada Medina y Lizzie Hernández realizada en noviembre de 2025.

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