“La política que viene se discierne, por tanto, por la recuperación del nexo fundamental entre habitantes y territorios. […] Habitar es devenir ingobernable, es fuerza de vinculación y tejimiento de relaciones autónomas.” — Consejo Nocturno
Entran a cuadro tres mujeres, dos niños y un rebaño de borregos que ellas pastorean. Conversan sobre su cotidianidad, tejen cuerdas, trasquilan la lana que después tiñen en ollas al calor de la leña encendida. La cámara recorre las manos fuertes de las mujeres —que, nos daremos cuenta, también participan en el proceso de filmación— y hace evidente que alguien las observa. Así, Gabriela Domínguez Ruvalcaba nos invita a navegar en su reciente ensayo-documental Formas de atravesar un territorio (2024), el cual se construye sobre una pregunta central: ¿Cómo habitamos?
Tras presentarse en los festivales de Morelia, FICUNAM y Locarno, la película llega ahora a salas comerciales, incluidas las del Centro Cultural Universitario de la UNAM, para abordar esta pregunta. Parte de la respuesta se encuentra en la contundente forma en que retrata a Doña Sebastiana y a sus hijas: Angelina, Margarita, Rosalinda y Maribel, una familia de mujeres pertenecientes al pueblo tsotsil, cultura originaria que habita la región de los Altos de Chiapas, México. Sus vidas se entretejen con la tradición del hilado artesanal de lana.
No se trata de una narración lineal. Domínguez Ruvalcaba emplea un peculiar montaje como herramienta principal para esta indagación y construye una cartografía de múltiples capas a partir de la yuxtaposición de materiales de archivo —mapas, herbarios y fotografías— que examina a través de una lupa. Este proceso de investigación contrasta con las puestas en escena filmadas en 16 mm, textura onírica que evoca el pasado, los sueños e incluso una apertura hacia el futuro. La combinación de ambos registros genera un diálogo entre la memoria tangible y la representación poética, permitiendo que la historia, además de contarse, se sienta. La plasticidad de su obra radica en esa fusión del archivo, la entrevista y la puesta en escena: el montaje es siempre un acto de creación.

Tras su ópera prima, La danza del hipocampo (2014), donde el found footage fue el eje para explorar la subjetividad, Domínguez Ruvalcaba perfecciona aquí su técnica. En Formas de atravesar un territorio (2024), el montaje posibilita un acuerpamiento con las mujeres que retrata. En secuencias donde se entrelazan las conversaciones íntimas de la familia con planos del paisaje, la directora genera un ritmo semejante al del hilado y crea un vínculo profundo entre el ser humano y su entorno. El territorio no es solo un espacio geográfico, es un ser vivo y conocido, como escuchamos en tsotsil: «Se escoge el nombre de algo importante del lugar […] de lo más significativo que haya», explican las mujeres, mostrando que el vínculo con los lugares preexiste en su forma de nombrarlos.
La película también aborda las imbricaciones de las mujeres con el mundo, tanto en su comunidad como en la ciudad, específicamente en San Cristóbal de las Casas —ciudad de resistencias—, donde también extienden sus hilos. Domínguez Ruvalcaba problematiza, de forma poética y política, el arraigo al territorio, que también es cuerpo. Pero este debate parece dirigirse a un espectador que ha pasado la mayor parte de su vida desvinculado de su entorno o que, en su adaptación a la vida urbana, ha perdido el sentido de pertenencia a algún lugar. La interpelación resulta cruda, pues los contrastes que genera la directora no se reducen a una estética abstracta. Funcionan para evidenciar que, mientras la urbanización se ha fundamentado en el extractivismo y en el agotamiento —o incluso extinción— de los ecosistemas, las comunidades originarias han transformado sus tradiciones en actividades económicas sin dejar de lado el cuidado y la presencia junto a las formas de vida que las rodean. Es decir, otras formas de habitar son posibles.

El proceso de adaptación no fue fácil. Doña Sebastiana confiesa que en su juventud las cosas eran distintas: existía un temor por relacionarse con personas fuera de su comunidad debido a la discriminación hacia los pueblos originarios, lo que provocó un desconocimiento de la lengua tsotsil y, por lo tanto, una incomunicación con quienes solo hablaban español. Esto la llevó a tomar la decisión de que sus hijas aprendieran español, generando una coexistencia de sus tradiciones con las formas de vida en la ciudad. Esta confesión íntima deviene en una reflexión profunda sobre la identidad y la necesidad de abrirse a otros mundos sin perder las raíces.
La no ficción, en forma y fondo, lanza otra pregunta urgente: ¿pueden coexistir las diversas formas de habitar? Esta duda se materializa al descubrir que una constructora amenaza el hogar de la familia y el bosque que las rodea. Esta secuencia, donde la modernidad irrumpe con su maquinaria, genera una distancia entre lo sensible y lo automático; sin embargo, el discurso de Domínguez Ruvalcaba no sucumbe al pesimismo con el que el mundo del capital suele imponerse. Nos ofrece una respuesta luminosa que resuena con la pregunta inicial: habitar no es invadir, sino ser el territorio.
A pesar de que el espectador reconozca o no los lugares que la directora recorre con la cámara, o haya mantenido o no una relación estrecha con la naturaleza, este filme abre también la posibilidad de debatir sobre otros temas que nos atañen, como la crisis de vivienda y la crisis migratoria que se manifiestan en diversas ciudades del mundo, e invita a cuestionar cómo hemos aprendido a posicionarnos en él.
En Formas de atravesar un territorio (2024), Domínguez Ruvalcaba enarbola los afectos a través del gesto de filmar. Doña Sebastiana y su familia nos recuerdan que habitar es un derecho y una forma de resistencia, y que el mundo no es un objeto de estudio, sino una historia viva y transformadora que nos vincula.

Formas de atravesar un territorio (México, 2024)
Dirección: Gabriela Domínguez Ruvalcaba
Reparto: Doña Sebastiana Hernández, Maribel Pérez Hernández, Margarita Pérez Hernández, Rosalinda Pérez Hernández, Angelina Pérez Hernández, Don Manuelito Hernández Gómez
Guion: Gabriela Domínguez Ruvalcaba
Fotografía: Natali Montell
Duración: 72 minutos
Diana Laura Galán Aguilar
Carrera y facultad: Lengua y Literaturas Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
Una semblanza breve: (CDMX, 1995). Poeta y crítica cinematográfica. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas de la FFyL, UNAM. Ha colaborado en festivales de cine y distribuidoras independientes. Actualmente se desempeña en la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Ha publicado en diversos medios impresos y digitales.

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