La coordinación de intimidad y crear sin violencia
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En medio de su batalla legal y mediática contra la actriz Blake Lively, los abogados del director y actor Justin Baldoni comparecieron ante el tribunal con la esperanza de persuadir al juez para que desestimara la demanda presentada en la que ella alega acoso sexual y represalias durante y después del rodaje de su película de 2024, Romper el círculo. El equipo de Baldoni argumentó que las acusaciones se refieren a improvisaciones durante el rodaje de escenas con contenido sexual, lo que, según su defensa, no constituye acoso por motivos de género. Uno de sus abogados abrió el alegato señalando que Lively firmó el contrato sabiendo que la película incluiría “escenas calientes y sensuales” que se volverían “apasionadas y turbulentas”. Añadió que “el contexto importa” y que, si surgió algo “incómodo”, fue en nombre de una cierta estética. Insistió, además, en que las quejas de la actriz eran “insignificantes” y no alcanzaban el umbral del acoso sexual.

Más allá del morbo mediático o del escándalo, este conflicto abre la conversación sobre una problemática profunda y persistente de la industria cinematográfica: la normalización de prácticas que colocan a las y los intérpretes (particularmente a las mujeres) en situaciones de vulnerabilidad bajo el argumento de la creación artística, la improvisación o la “necesidad narrativa”. La discusión de fondo no gira en torno a si una escena debe o no ser sensual, ni a su supuesta necesidad narrativa, sino a quién tiene el poder de decidir cómo se construye esa intimidad, bajo qué acuerdos y con qué cuidados.

En el marco del 8M, hablar de coordinación de intimidad es también hablar del lugar que ocupan las mujeres dentro de una industria jerárquica y profundamente desigual, y es en este punto donde la figura de la coordinadora de intimidad dentro del cine contemporáneo se vuelve no solo relevante, sino imprescindible.

En México, una de las voces que ha impulsado esta conversación es la de Patricia Ortiz, coordinadora de intimidad, actriz y directora de casting, quien recientemente formó parte del equipo de En el camino (2025), dirigida por David Pablos, película reconocida con el Queer Lion en el 82º Festival de cine de Venecia y con el premio a Mejor Actor de Largometraje Mexicano en el en la 23ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia para Víctor Miguel Prieto y Osvaldo Sánchez. Para Patricia, la existencia de este rol ya es un síntoma: “Qué bueno que existe, pero deberíamos hablar de las razones por las que existe”.

Patricia Ortiz preparó a todo el cast natural de la película En el camino (2025) bajo la dirección de David Pablos, filmada en noviembre del 2024 y galardonada en el Festival Internacional de Cine La Bienal de Venecia 2025 como mejor película en la categoría Orizzonti, así como el premio Queer Lion 2025. Cortesía de Animal de Luz Films.

En entrevista exclusiva para Fósforo UNAM, Patricia sitúa el surgimiento de la coordinación de intimidad en un momento muy concreto: la figura emerge a partir del movimiento #MeToo, que permitió nombrar las violencias sexuales, íntimas y psicológicas a las que históricamente habían sido sometidas las actrices. Fue alrededor de 2018 cuando se volvió evidente la necesidad de “alguien que se encargue de una manera mucho más directa del cuidado y la protección física y emocional de las y los intérpretes”.

Lejos de la idea de que este rol limita la creatividad o interfiere con la visión autoral, Patricia insiste en que la coordinación de intimidad es, en sí misma, un trabajo creativo y de comunicación. Parte de una lectura profunda del guión, del entendimiento del tono de cada escena y del diálogo con la dirección sobre las decisiones narrativas y técnicas: “La intimidad tiene muchos niveles”, desde besos y desnudez parcial hasta sexo simulado. Por eso, insiste: “No es lo mismo tener una escena de sexo violenta que una escena de sexo más amorosa”. Entender estas diferencias y sutilezas permite construir escenas coherentes con la historia sin exponer innecesariamente a quienes las interpretan.

Una vez realizado este análisis, se entablan conversaciones creativas con producción y dirección para definir cómo se llevarán a cabo las escenas: encuadres, movimientos de cámara, vestuario, protecciones y dinámicas de rodaje. “Una cosa es lo que tú ves escrito y otra cosa es cómo se va a llevar a cabo”. A partir de ahí, la coordinadora de intimidad dialoga de manera individual con las y los intérpretes para conocer cómo se sienten, cuáles son sus límites y qué están dispuestos a mostrar o no. Su labor consiste en mediar entre las necesidades creativas del proyecto y la integridad física y emocional de quienes actúan. “Aquí lo que importa es que se respeten y se llegue a acuerdos”.

Entender la importancia de este rol implica también comprender que el consentimiento es un proceso continuo y abierto. Comienza desde la preproducción, cuando el guión permite identificar escenas de intimidad, y se sostiene durante el rodaje y la postproducción. Patricia subraya que este trabajo requiere una atención especial a lo que se dice y  lo que no se dice: “Muchas veces, si no tienes experiencia o te cuesta decir un ‘no’, hay que estar muy atento con quien tienes enfrente […] Cada persona es distinta, cada persona tiene su inseguridad, su herida”. De ahí la importancia de que la coordinadora de intimidad funcione como un puente entre dirección, producción, intérpretes y equipos técnicos, cuidando que el proceso creativo no se construya a costa del bienestar de quienes ponen el cuerpo frente a la cámara. “La coordinadora de intimidad también puede generar las coreografías para esas escenas, que son coreografías totalmente hechas y previstas. Una coordinadora de intimidad también tiene que tener ese conocimiento físico”. 

Desde una perspectiva de género, este trabajo revela violencias profundamente arraigadas en la historia del cine. Gracias a su experiencia como actriz, Patricia señala una de las más persistentes: la imposibilidad, durante décadas, de dialogar las escenas de intimidad. “Antes no se podía dialogar una escena de intimidad como se dialoga una escena de acción”. Se daba por hecho que, por ser actriz, no había espacio para expresar incomodidad, opinión o desacuerdo: “No podías manifestar cómo te sentías ante una escena así con un director. Entonces, para empezar, no había diálogo. Si no, te corren”. Ese silencio, aunado a la amenaza implícita de perder el trabajo, constituye una forma de violencia estructural que apenas ahora comienza a ser nombrada y cuestionada.

Como coordinadora de intimidad, Patricia Ortiz colaboró en Nadie nos vio partir (2025), miniserie basada en las memorias de Tamara Trottner. Cortesía de Netflix.

Que esta conversación esté siendo impulsada hoy por mujeres creadoras en distintos espacios de la industria del cine es una señal de movimiento y transformación. El cambio hacia una industria más justa se construye en cada límite respetado y en cada espacio ganado. Para Ortiz: “Es una cuestión de principios y de ética, y de cómo tú te colocas en el mundo […]. Soy una persona y soy mujer, y hay luchas que a mí me interesan porque las vivo diariamente. En el trabajo, en un puesto, cómo me hago presente en una industria así”. La industria “es voraz, es jerárquica y son roles de poder”, y aunque reconoce que las mujeres han comenzado a ganar espacios, “es difícil todavía que la palabra de las mujeres se considere una palabra sería, inteligente y válida, con peso igual a la de los hombres […] Creo que es una lucha y que se han ganado espacios, pero la conversación tiene que estar abierta aún”, asegura Ortiz.

El set de grabación, sugiere Patricia, funciona como un microcosmos de la sociedad: en él se reproducen violencias normalizadas, pero también se abren posibilidades para ensayar otras formas de relación. La conversación se extiende a luchas que atraviesan la experiencia cotidiana de muchas mujeres en el cine: la maternidad, los cuidados, la falta de espacios de apoyo durante los rodajes, la necesidad constante de demostrar legitimidad profesional. Son luchas que rara vez se visibilizan, pero que determinan quién puede permanecer y crecer dentro de la industria.

En un momento histórico en el que muchos derechos parecen estar en retroceso, la figura de la coordinadora de intimidad se erige como una conquista aparentemente pequeña pero fundamental. No se trata únicamente de prevenir abusos, sino de replantear cómo se cuentan las historias y qué estructuras de poder se reproducen y reflejan en la pantalla. Cuidar la intimidad en el cine es, en última instancia, cuidar la dignidad de quienes hacen posible que una historia exista.

Patricia cierra llamando a la acción, depositando su esperanza en las nuevas generaciones: “Vivimos en un mundo sumamente complejo, pareciera que vamos pasos atrás en derechos y eso es muy preocupante. Las batallas que habíamos ganado se están echando para atrás y no queda más que resistir. No queda más que unirse, abrir conversación, alimentarse, enterarse de lo que está pasando, estar en el afuera, investigar, nutrirse de información y estar en acción. No todo es hablar y dialogar, que eso está muy bien, pero la acción es muy importante. En ese sentido, poner el cuerpo es importante para ganar espacios y ser escuchadas.”

En ese llamado a la resistencia y a la unión se condensa el sentido y la necesidad de la coordinación de intimidad: una intervención concreta en la forma en que se produce el cine y en los valores desde los que se construye. En una industria que históricamente ha normalizado la violencia en nombre del arte, la coordinación de intimidad plantea una ética distinta del quehacer cinematográfico, una que nos interpela, obliga  y convoca a asumir una responsabilidad que ya no se puede postergar: filmar sin reproducir desigualdades y cuestionar aquello que durante demasiado tiempo se ha dado por sentado, crear sin violentar.

Ana Patricia Ortiz Ayala. Actriz. Directora de casting, coach actoral y coordinadora de intimidad.
Ficha técnica:

Entrevista exclusiva con Patricia Ortiz, coordinadora de intimidad, realizada en enero de 2026.

Nataly Olascoaga Hernández
Sección: Yo filmo -

Nataly Olascoaga Hernández

 

Crítica cinematográfica con un enfoque que cruza la pasión por el cine, la investigación académica y la creación literaria. Ha incursionado en diversos géneros literarios como parte de proyectos personales y académicos, como la poesía y el cuento.

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