Con motivo de la 41° edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), que se llevará a cabo del 17 al 25 de abril de 2026, entrevistamos a la directora del FICG Estrella Araiza –gestora cultural y directora de la Cineteca FICG– acerca de la evolución del festival, de sus procesos de selección y, en especial, del lazo entre México y Chile, que regresa como país invitado al festejo. La inclusión y la diversidad en el festival, así como los esfuerzos que se realizan para mantener la experiencia de ver películas en salas de cine en la era del streaming fueron también un tema muy importante.
Aunque el FICG nació como una muestra de cine mexicano en Guadalajara en 1986, fue hasta su decimosexta edición en el 2001 que se convirtió en el Guadalajara Film Fest y, un año más tarde, en el festival internacional que conocemos actualmente. Entre sus logros destaca haberse convertido en un espacio de promoción y exhibición del cine iberoamericano sin abandonar al cine mexicano. ¿Cómo fue que involucraron a proyectos iberoamericanos?
Estrella Araiza: Todos los eventos que han sucedido en el festival han correspondido a cosas que sucedían a la par en el contexto nacional e internacional. La Universidad de Guadalajara tiene otro evento que es la Feria Internacional del Libro (FIL), que siempre ha trascendido en relación a la Feria del Libro en Español. Nos empezamos a contagiar de la nueva ola de cine latinoamericano que existía en América Latina porque todos estos personajes, que eran los mismos –Gabriel García Márquez por ejemplo–, se juntaban en Cuba para hablar de literatura. Ellos fundaron el nuevo cine latinoamericano, pero después encontraron que en la FIL de Guadalajara podían platicar de cosas relacionadas con la defensa del español. Fueron esas discusiones las que marcaron el rumbo del festival. Era un espacio en el que la tendencia de ser una muestra competitiva internacional, transformó a Guadalajara en un festival que defendía la identidad iberoamericana.
Chile ya tuvo una muestra en el FICG en el 2003. Presentaron varios de sus clásicos. Después fue invitado de honor en la 34° edición del festival, y este año también será el invitado de honor. ¿Cuál es la influencia del cine y la producción chilena en el cine mexicano y viceversa?
EA: Estrictamente, sería la cuarta vez que Chile ha sido invitado de honor debido a que la primera vez que estuvo presente no existía esa figura. Cuando el FICG seguía siendo muestra, se hizo un foco de cine chileno en el que se pasaron muchas películas contemporáneas que fueron muy relevantes para la cinematografía chilena. La Universidad de Guadalajara tiene una gran conexión con la historia chilena, son lazos muy profundos, podría decir ideológicos. Pero realmente son de hermandad, y el cine fue una consecuencia natural.
Somos coproductores de la película Salvador Allende (2004). Tenemos muy buena relación con Patricio Guzmán, director de la película, porque era de los pensadores y documentalistas que hablaban de la defensa del cine latinoamericano. En América Latina es el único país que tiene 22 instituciones que funcionan para el financiamiento cinematográfico. Tienen fondos muy específicos. Chile le ha dado a sus cineastas el espacio para poder desarrollarse desde chiquitos hasta volverse grandes, famosos y hollywoodenses. Creo que en México no es así, pero ojalá eso cambie y podamos aprender de nuestros errores y de los casos exitosos que hay en otros países.
¿Hay algún enfoque en particular para esta edición del festival?
EA: Vamos a traer todas las nuevas restauraciones que se hicieron con relación al cine clásico. Tener de nuevo a Chile como invitado de honor me da la oportunidad de poner algunas películas de cine chileno que me gustan mucho, películas multipremiadas que a lo mejor anteriormente a los comités no les habían gustado. Ahora tengo manera de darle la vuelta y poner películas de autores como José Luis Torres Leiva, Sergio Castro, Tomás Alzamora, quien es comediante, rapero, y cineasta. Él hizo una película que se llama Denominación de origen (2025), un taquillazo que pasaremos en el festival. Su primera película se llama La mentirita blanca (2017), que hubiera querido que estuviera porque nosotros la habíamos apoyado.

Dados los tiempos que corren y la evolución del FICG, siempre se tienen que hacer revisiones sobre temas como la inclusión. ¿Cuál era la perspectiva en las ediciones pasadas del festival? ¿Cuál ha sido la trayectoria de las voces de las minorías presentes desde sus inicios hasta la actualidad?
EA: Desde el principio no éramos muy inclusivos, que tiene que ver con que hay muchas organizaciones como la nuestra que tienen que hacer procesos de reflexión y en la que todo el mundo tiene que “ir a terapia”. Lo hemos hecho con mucho esfuerzo y mucha introspección. Nosotros decimos que somos muy incluyentes pero creo que siempre se puede hacer más. Siempre queremos ver cómo podemos estar cerca de los grupos vulnerables y cómo podemos apoyar a las minorías.
A pesar de los discursos progresistas, en muchos espacios prevalece la discriminación y la invisibilización. Falta bastante para que se pueda alcanzar un diálogo en el que estas voces no solo se consideren, sino que se integren como participantes activos, para que tengan el mismo peso que el grupo dominante. Y no solo en el cine, en todas las artes. Muchos toman la inclusión como una compensación por los años de ignorancia y discriminación. ¿Aún es necesario que se etiquete a lxs artistas y lxs juzguen en esa medida por su lugar de origen, etnia, género u orientación sexual? ¿Eso abona o no al debate? ¿Se beneficia o se entorpece la propuesta de inclusión?
EA: De acuerdo. En algún momento me dijeron que por qué no hacía una competencia específica para mujeres dentro del festival y esa propuesta me irritó un poco. Me pregunté por qué. Yo no siento que las mujeres necesiten una competencia aparte. Las mujeres deben estar en las competencias grandes, en el espacio grande todo el tiempo. Lo mismo me pidieron con el cine indígena en 2018. ¿Por qué tengo que hacer una competencia específica de cine indígena cuando yo por lo menos tengo dos o una o tres películas en mi competencia principal iberoamericana de cine indígena de toda la región?
En ese mismo aliento me preguntaron por qué mantenía la competencia Maguey –que sí es aparte–, a lo que digo que es porque la comunidad LGBTIQ+ aún es muy vulnerada. La sociedad comete crímenes de odio en su contra. Hay muchas cuestiones a favor y en contra de cada una de las competencias en la que cada uno de los espacios tiene que ser analizado y estudiado para ver cómo va a ser mejor para el grupo.

Las experiencias de los grupos vulnerados son específicas y complejas. Por eso, cuando contemplamos –y más aún cuando analizamos –una obra, es importante considerar esa perspectiva y dedicarles un espacio propio para celebrar a las cineastas, a los realizadores indígenas y la mirada queer. Incluir su perspectiva visibiliza otro tipo de experiencias e inspira a quienes se han sentido excluidos por tanto tiempo.
EA: Todo corresponde a la costumbre: pensar “esta situación ya la resolví una vez y la voy a resolver de la misma manera siempre.” Eso es naturaleza humana. Pero uno tiene que cuestionarse todo el tiempo: ¿cómo te hace sentir, como equipo, el hecho de que te hayan propuesto hacer una muestra de cine o una competencia de cine para mujeres? ¿Qué te provoca como organización?
Para cerrar, y debido al auge del streaming, ¿cómo se promueven las visitas al cine y a los festivales en una era en la que podemos ver una película desde la comodidad de nuestras casas?
EA: Es la pregunta que nos aqueja todo el tiempo. Yo trabajo muchísimo y todo el tiempo estoy cansada, no quiero tener vida social. Me dicen de una exposición o de un concierto y simplemente me gana el cansancio. No dudo que todas las personas están igual, que todos quieren llegar a su casa a dormir. Entonces, para mi, la única manera de darle la vuelta a eso es dar algo que sea tan atractivo que no puedes decir que no. Que no sea solamente la presentación de una película, sino la presentación de una película con coloquios con el director, o con el actor o actriz principal. Es una combinación de eso y el formar una experiencia integral para que tú puedas llevarte eso como experiencia en tu corazoncito y no nada más una película.
Ir al cine es reconfortante… Aunque ahora puede que se esté volviendo una experiencia estresante: es la fila de las palomitas, el pago del estacionamiento, el estacionamiento lleno, etc. Tenemos que mejorar la experiencia en general, algo que estamos también tratando de hacer en la Cineteca. Es un lugar amigable, pet friendly, con funciones al aire libre en donde puedes hacer un picnic. Entonces, ¿cómo lo haces? La verdad esa es la pregunta de los 64,000 pesos… Y me encantaría tener la respuesta. Te puedo decir que hacemos esfuerzos para atraer más gente joven y que sigan teniendo el ritual de ir al cine y que esa experiencia no se pierda.
Los festivales exhiben y promueven producciones cinematográficas para el disfrute de los espectadores, pero también brindan la oportunidad de que autores cuyas voces habían sido ignoradas previamente, presenten sus obras frescas e íntimas en espacios dominados por aquellos que habían insistido en mostrar y aceptar una sola mirada. Sin embargo, es imperativo crear espacios que exponen distintas miradas en el cine, pues una de las cosas más bellas del arte es cómo representa la experiencia humana. Mejor aún: compartir una experiencia colectiva frente a la pantalla grande, porque inspira y conecta a miles de personas.

Entrevista exclusiva con Estrella Araiza, directora del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, realizada en el mes de marzo de 2026.
Viridiana Ballesteros Villalobos
Apasionada por las artes, especialmente el cine. Fue parte del jurado en La Matatena Festival Internacional de Cine para Niños… y no tan Niños, y ha participado en diplomados y cursos de realización cinematográfica. Disfruta de la lectura, la pintura, la música y la danza en su tiempo libre.

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