Las muertas: el horror sin límites
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Muchas de las grandes películas que cambiaron la historia del cine, tanto en México como en el extranjero, han sido adaptaciones de textos literarios. En tiempos recientes, a partir del éxito de producciones originales de servicios de streaming, plataformas como Netflix y Prime Video han llevado al cine y la televisión adaptaciones de novelas mexicanas de gran popularidad. Ahí está el caso de Pedro Páramo (2024) y Como agua para chocolate (2024), por mencionar algunos. Solo era cuestión de tiempo para que fuera el turno de una de las obras del escritor Jorge Ibargüengoitia. Así llegó a nuestras pantallas Las muertas, adaptación televisiva dirigida por Luis Estrada.

La novela está basada en el caso del crimen conocido como “Las Poquianchis”, apodo de las hermanas González Valenzuela, proxenetas acusadas de trata y asesinato, entre otros terribles actos. Los acontecimientos se popularizaron a lo largo del país a mediados de la década de 1960, a través de periódicos que cubrieron el juicio de los implicados en Guanajuato. Dado lo mediático del caso, la cultura popular entregó múltiples libros, filmes e incluso corridos para relatar los cruentos sucesos ejecutados por estos personajes. Entre ellos destaca Las Poquianchis (1976) de Felipe Cazals, quien también fue reconocido por sus retratos de violencia explícita en otras cintas de crítica social. Sin embargo, Ibargüengoitia creó una nueva versión de la historia basada en ciertos datos del caso, llena de ironía y tropiezos que, si bien se aleja de la veracidad de los hechos, da paso a una crítica mordaz a todas las autoridades que permitieron los delitos de estas hermanas.

Aunque es la primera vez que se lleva una historia de Ibargüengoitia a la pantalla chica, varias de sus novelas ya han sido adaptadas al cine: Estas ruinas que ves (1979), Dos crímenes (1995) y Maten al León (1975). Vale la pena mencionar que esta última fue dirigida por José Estrada, padre de Luis Estrada.

Paulina Gaitán, quien protagonizó la serie junto a Arcelia Ramírez como Serafina y Arcángela Baladro. Cortesía: Netflix

Volvamos a la serie. El argumento, tanto del libro como de esta adaptación, se sitúa en los ficticios estados del Plan de Abajo y Mezcala, regiones paralelas a Guanajuato y Jalisco que aparecen en otras novelas del autor, en donde las hermanas Baladro administran exitosamente un par de burdeles. Después de una serie de infortunados sucesos que conducen a la caída de las leoneras, ellas y las trabajadoras sexuales se esconden de la ley en uno de sus burdeles con la esperanza de recuperarse. No obstante, durante el encierro descubriremos de lo que son capaces las Baladro para sacar sus negocios a flote por avaricia y crueldad. 

¿Las muertas captura la esencia de su contraparte literaria? ¿Es fiel a la novela? A decir verdad, es injusto e innecesario calificar una serie o película de acuerdo a su grado de fidelidad respecto a la obra original. El cine y la literatura son medios para contar historias de manera totalmente distinta, y por lo tanto son incomparables. El trabajo de una adaptación se podría comparar con la traducción de un idioma a otro. Las descripciones, por ejemplo, se vuelven escenarios palpables y los personajes son caracterizados por personas de carne y hueso. No obstante, como hemos visto con humor en las redes sociales, las traducciones a veces traicionan y pueden meternos en aprietos, pues no son completamente fieles a lo que se quiso decir en el idioma original. Adaptar es interpretar. Por tanto, se agregan elementos en el apartado sonoro, escenográfico e incluso en el guion para que una serie o película funcionen como lo que son. Alain Resnais, cineasta francés, comentaba que “adaptar una novela sin cambiarla es como recalentar la comida”.

La visión que propone Luis Estrada para la serie lleva su sello característico, y concuerda con los hechos de la novela: personajes humanos que realizan actos inhumanos, escenas eróticas sin filtro y la crítica de lo público a partir de lo privado. Coincide con los antecedes de sátira y absurdo que hemos visto en su filmografía de carácter político y social, como en la clásica El infierno (2010), La dictadura perfecta (2014) y La ley de Herodes (1999), cinta que comparte título, mas no argumento, con un libro de cuentos de Ibargüengoitia. 

La serie, a diferencia de la novela, se presenta con un tono principalmente serio que permite un mayor impacto en las escenas crudas y provoca humor cuando la reacción de los personajes contradice el tono. La novela está repleta de ironía en la narración y ésta ambivalencia se percibe en los personajes de Estrada. Por ejemplo, Serafina Baladro sufre mal de amores a pesar de ser “madrota”, y vive un romance durante los sucesos más explícitos de la trama. Estas aparentes contradicciones dan paso a una construcción humana de los personajes. En contraste con lo que solemos ver en series de true crime, nuestros protagonistas no son sujetos inquebrantables ni monstruos irremediables. Son personas comunes y corrientes con el poder y los contactos suficientes para hacer lo que hicieron. Eso vuelve la historia más aterradora aún.

Luis Estrada durante el rodaje de Las Muertas. Cortesía: Netflix

Otra propuesta de la serie es la crítica que hace a los medios de comunicación reaccionarios, amarillistas o de nota roja. En su época, el libro se plantó como una respuesta a los periódicos que abordaron el incidente de ese modo. La serie dedica un capítulo entero a mostrar la poca seriedad, la manipulación de los hechos y la falta de perspectiva con la que la prensa dio a conocer el caso para potenciar sus ventas. La narrativa de estos medios terminó por beneficiar a las autoridades que, en lugar de resolver las causas de los crímenes, dieron un paliativo a las víctimas en forma de mole con pollo y fotos en portadas de periódicos. Una vez apagada la llama del caso, tanto medios como autoridades se olvidaron de las prostitutas afectadas, quienes, probablemente, siguieron con sus vidas como lo hicieron junto a las hermanas Baladro. 

El objetivo que persiguen la serie y la novela es el mismo. Quizás el verdadero horror no se halle únicamente en las muertas, sino en todo el mecanismo que operó detrás para hacer posible estas muertes. La corrupción, los compadrazgos y los intereses personales, entre un largo etcétera, desembocaron en la muerte de las muchachas. Las hermanas Baladro y sus esbirros no son los únicos responsables, pero sí los únicos a quienes se les podía encerrar y juzgar. La trama desnuda los poderes de un sistema que permite que actos como estos sucedan y se sigan perpetuando. El verdadero horror es aquel que no tiene límites, es el que traspasa la barrera de la ficción y del tiempo. Desgraciadamente, casos como el de las Baladro suceden en el mundo real: manejados corruptamente y resueltos apenas por casualidad. ¿Será que los tiempos han cambiado o los intereses siguen siendo los mismos? Como apunta la frase final de la serie, y la primera de la novela: “Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios”. 

A casi cincuenta años de la publicación de Las muertas, el universo de Ibargüengoitia sigue vigente. Después de una larga espera, Luis Estrada finalmente llevó a cabo el proyecto que quiso concretar desde los inicios de su carrera: él estuvo a cargo del guion y de la dirección total de la serie.

El nuevo aire que da la adaptación permite que nuevas audiencias tengan contacto con esta fascinante y terrible historia. A su vez, las múltiples críticas que propone la serie plantean preguntas y nos invitan a reflexionar que situaciones así son posibles. Cómo, a pesar de los relatos de ficción y de las violentas noticias que han acompañado al país desde sus inicios, el sistema mexicano es cómplice de este tipo de actos. Afortunadamente, el acercamiento de la serie se separa de los clichés del género para profundizar en el origen de estos sucesos. Además, la serie homenajea a uno de los escritores más importantes que México le ha dado al mundo. Contundente con sus críticas y mostrando la vida desde sus contradicciones, Ibargüengoitia nos enseña a desafiar la realidad a partir del humor y la asertividad. Porque en un mundo de absurdos e incongruencias, esa resulta ser la respuesta más lógica. 

Joaquín Cosío, quien también ha participado en las producciones más destacadas de Luis Estrada, trabajó como el Capitán Bedoya para Las Muertas. Cortesía: Netflix
Ficha técnica:

Las muertas (México, 2025)

Dirección: Luis Estrada  

Reparto: Paulina Gaitán, Arcelia Ramirez, Joaquín Cosío, Mauricio Isaac

Guion: Luis Estrada, Jaime Sampietro, Rodrigo Santos 

Fotografía: Alberto Anaya Adalid 

Una temporada. Seis episodios. 



Christian Jair Villalobos Fernández
Sección: Maratónica -

Christian Jair Villalobos Fernández

 

Entusiasta del cine y la literatura. Se dedica a la investigación literaria contemporánea y mantiene, seriamente, una afición por la fotografía. Además, ha ganado diversos premios literarios a nivel nacional e internacional.

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