“No íbamos a fragmentar el cuerpo”: la mirada activa de Laura Miranda
12 minutos de lectura

En 2021, la revista Time nombró a la activista mexicana Olimpia Coral Melo como una de las 100 personas más influyentes de ese año. Olimpia fue impulsora de la ley que lleva su nombre y gracias a ella ahora es posible actuar en contra de la violencia digital para sancionar a quienes difunden material íntimo sin consentimiento.

Llamarse Olimpia, dirigido por Indira Cato, es el documental que sigue el recorrido de Olimpia en sus luchas personales, en el proceso de aprobación de la ley y en su vida como activista feminista. La película fue galardonada como Mejor Largometraje Documental en el 23° Festival Internacional de Cine de Morelia y con el premio a Mejor Película Mexicana en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2025.

En la era digital, la perpetración de la violencia digital se vuelve un tema cada vez más preocupante para cada uno de nosotros. Estrenos como Adolescence (2025), de Stephen Graham y Jack Thorne, nos obligan a enfrentar que la violencia que sucede en la esfera digital no se queda en nuestras pantallas, que los famosos netizens que actúan con la seguridad de esconderse tras el anonimato en internet, son en realidad personas de carne y hueso, y que su ideología no cambia fuera de la virtualidad.

Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres que se conmemora anualmente el 25 de noviembre, y en atención a los premios que recibieron en el FICG y el FICM, entrevistamos a Laura Miranda, cinefotógrafa de Llamarse Olimpia y egresada de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC). Indagamos con Laura acerca de lo que implica ser fotógrafa en un documental después de haber sido directora y, por supuesto, acerca de la mirada femenina con la que se abordó el complejo tema de la violencia por medio de la imagen.

Olimpia siempre está rodeada de mujeres con distintos nombres que luchan por la misma causa. Cortesía: Chumbera producciones

Ya que has estado del lado de la dirección y de la fotografía, ¿cuáles son las dificultades que encuentras en la fotografía y cuáles en la dirección?

Laura Miranda: Según la manera en la que planteas el cine, la fotografía y la dirección se relacionan de modos distintos. En la ficción, hay maneras de hacer una puesta en cámara en la que la dirección juega un rol central; creo que dónde pones la cámara, cuánto dura un plano, cuánto se ve, es crucial para narrar una historia. En la fotografía documental sabes que mucho de lo que planeas no es lo que finalmente vas a obtener, pero sirve tener muy claro saber qué es lo que estás buscando para saber qué desechar, qué no, qué línea seguir, si se abre una nueva, etc. Es muy importante que la directora te diga cuál es su visión y lo que está buscando. Hablaba con Indira acerca de lo que queríamos lograr en un mundo ideal y la idea del documental, pero al momento de la acción, muchas veces ella estaba cuidando cosas como que no nos gasearan y muchas veces de mí dependía tomar decisiones. Usas la mirada de dirección para apoyar la visión que quiere la directora como fotógrafa y viceversa. Son visiones que se complementan.

 

Para el cine de ficción la fotografía considera la puesta en escena, el diseño del set, el vestuario, y cómo influye este conglomerado en la interpretación de la audiencia: si un color representa una emoción, un giro en la trama, etc. ¿En el cine documental existe el mismo simbolismo? ¿Cuáles son las diferencias entre hacer foto para cine de ficción y cine documental? 

LM: Tanto en documental como en ficción se hacen carpetas. En ficción tienes claro lo que decías acerca de usar tal paleta de colores, o recurrir a tales texturas, elegir esta profundidad de campo; todo el ambiente está controlado de tal modo que te permite tener esos simbolismos. Estamos muy acostumbrados a los documentales de Netflix o NatGeo, que se graban con cámaras muy poderosas y un equipo técnico enorme. En Llamarse Olimpia ya habíamos aprendido que nuestro personaje no es uno que se va a prestar a este control del ambiente.
Es muy enriquecedor entender que tu personaje tiene una vida y una lucha que no se va a detener por el documental. Nuestra personaje es tremendamente activa. No para, y las cosas que hace son muy diversas. Por más que tuviera el tripié o el estabilizador, no iba a haber tiempo de pedirle que me esperara a que pusiera la cámara, sino que era grabar lo que estaba ocurriendo. Acepté que hay cosas que son más importantes, que es el tema que estábamos grabando y que no siempre lo técnico puede tener supremacía. Si se logra contar la historia y se siente real, es completamente válido.

Olimpia Coral Melo nunca buscó convertirse en un ícono feminista. Cortesía: Chumbera producciones

El documental se acerca a una historia muy íntima, pero esta circunstancia se traduce durante el rodaje en el tono y el estilo de la película. ¿Cómo lograste plasmar la emoción y la vulnerabilidad de los testimonios de las mujeres en la pantalla?

LM: Lo principal es retratar la cercanía que tienes con tus personajes. El hecho de que hayamos grabado a Olimpia durante más de cuatro años nos permitió acompañarla en muchas situaciones y que ellas también nos conocieran. De nada nos sirve tener lo más atractivo visualmente si se siente la distancia con nuestros personajes. Nosotras las acompañamos desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la madrugada del día siguiente a marchas, a pláticas con diputados en diferentes estados, a comer con colectivas. El tiempo que pasamos con ellas fue lo que nos permitió acercarnos a compartir su espacio.

 

Al término female gaze se le ha puesto un reflector en cuanto al manejo del erotismo y la belleza del cuerpo. La exploración de ambos desde esa perspectiva es refrescante y poderosa, sin caer en la explotación y la cosificación a la que recurre el male gaze. ¿Existen estas miradas en el cine documental? ¿La mirada se vuelve objetiva?

LM: Una de mis preocupaciones constantes ha sido que, si estamos hablando de alguien que fue violentada por medio del uso de una cámara, ¿cómo evitamos repetir esa violencia al usar una cámara? Olimpia se había quejado públicamente, múltiples veces, que cuando relataba su historia de violencia se ilustraba su video, lo que constituye una revictimización.
Nosotras no íbamos a fragmentar el cuerpo, ni perpetuar esa violencia digital mediante encuadres. Nuestro enfoque fue encontrar el significado en quedarnos con la cámara o con una mirada, o grabar algo que no es el cuerpo. Todos estamos formados en una mirada automática que tiende a objetualizar o a convertir a los cuerpos en sujetos de deseo o declarar cuáles no son sujetos de deseo, por lo que nos cuestionamos de qué manera lo podemos grabar sin caer en esos aspectos. Es una exploración, pero debe haber una mirada activa, una búsqueda. 

 

Quiero resaltar la escena en la que vemos cientos de mensajes pidiéndole ayuda a Olimpia con el sonido de las notificaciones agolpándose, porque después hubo otras secuencias llenas de alegría y de empoderamiento debido a la colectividad que nos muestras. Luego incluyeron dos temas de Prania Esponda, cantante y compositora feminista que también se convierte en personaje del documental. ¿Cómo se crean estas secuencias narrativas? 

LM: No queríamos un documental donde solo retratáramos la vida real. Lo digital no es solo una parte chiquita de nuestra vida sino ya un lugar central, por eso debía tener tanta importancia. En cuanto al sonido de notificaciones, cuando estábamos con Olimpia su celular sonaba sin parar. Le llegaban cientos de mensajes al día. Vale la pena reflexionar qué tanto ese sonido se vuelve parte de nuestro estrés o normalidad. La idea fue mostrarlo así porque es parte de lo que abruma a nuestro personaje.
A
Prania Esponda la conocimos durante la lucha de su proceso de reconstrucción, como parte de las Defensoras Digitales. Una parte importante para nosotros era mostrar que sí, eres víctima y luchas, pero las víctimas tienen una carrera, una vida. Su música nos muestra ese lado. Decidimos incluirla porque forma parte de este círculo y es importante mostrar las vidas que tienen más allá de esta violencia.

 

¿Y sobre la coordinación y colaboración con Indira?

LM: La colaboración se construye hablando. Hay cosas que no son diálogos técnicos ni sobre la estética de una película pero que forman parte crucial para poder transmitir la idea o encontrar una visión conjunta. ¿Qué opinamos del tema? ¿Nos hemos sentido violentadas por una cámara? ¿Qué límites creemos que debe haber en el cine? ¿Qué actitudes de cineastas nos parecen abusivas cuando hacen documental?
Lo principal era seguir a los personajes en su vulnerabilidad, aunque sabía que, si en algún momento una de nuestros personajes se quebraba, o que sabíamos de antemano que habían ciertas cosas que no querían mostrar, no iba a prender la cámara ni correr sobre ellas. Yo venía de la escuela con un afán de controlar. Es difícil sacarse ese juicio, y no es que lo técnico no valga nada, pero no lo voy a poner antes de dejar que una persona se muestre. Siempre tuve mucha sincronía con
Indira. La primera vez que estuvimos juntas fue en una marcha del 8M. Me decía que si llegábamos a tal punto climático, dejara de grabar o que si estábamos buscando algo, grabando por cinco días, y aparecía el momento que queríamos, sabía que no debía cortar.

Laura Miranda, fotógrafa y directora de cine. Cortesía: Chumbera producciones

La toma que más me impactó fue el master shot del Zócalo que encuadra a la Catedral Metropolitana y al Palacio Nacional. Vemos que la marea violeta realmente le hace justicia al nombre porque parecía un océano.

LM: Durante 5 años estuvimos viendo todas las marchas del 8 de marzo y entendiendo qué es lo que queríamos grabar, lo que nos faltaba. La toma del Zócalo fue de las últimas veces que fuimos a una marcha, porque además no solo fuimos a la del Zócalo, sino a la de Huauchinango. Es impactante ver cómo cambia la percepción dependiendo del lugar. Que te vean mal por ir a una marcha. Para nosotras quizás implica menos obstáculos en la capital que para las mujeres en Huauchinango. Ellas enfrentan repercusiones nada más por haber marchado: les aventaron comida echada a perder por “andar de revoltosas”. No hay solidaridad inmediata.
La toma del Zócalo se logró cuando ya habíamos grabado varias marchas al nivel del suelo, y, antes de irnos, quisimos ver el panorama desde otro ángulo. Quizás no lo había pensado pero ahora que lo mencionas, es como una sensación de “bueno, esto ya está concluyendo”. Al ver todo desde arriba pudimos ver cómo ocurría de todo: aquí hay alguien con un perro, aquí están incendiando esto, aquí están bailando, aquí se están abrazando. Todos esos mundos caben en una marcha y es bonito ver cómo todo eso convive en un mismo lugar.

 

El cine documental permite un acercamiento único al tema que toca, y en el caso de Llamarse Olimpia, que prioriza la vulnerabilidad de sus personajes a través de una fotografía sensible, notamos que la violencia digital no se queda en la pantalla, y que sus perpetradores no son una serie de códigos binarios. El documental tiene la intención de que otras víctimas que hayan pasado por lo mismo se den cuenta de que no están solas, que pueden denunciar y exigir justicia. La lucha de Olimpia no acaba con la aprobación de la ley que propuso, sino con la erradicación de este tipo de agresiones. Es un pensamiento muy utópico, pero esperanzador. ¿Podrá suceder algún día? Quizás.

Hasta entonces, mientras haya violentadores, agradecemos a Olimpia y al Frente Nacional para la Sororidad, quienes luchan por aquellas que tenían miedo de emprender el camino solas, y agradecemos a Laura, a Indira y a todo el equipo de Llamarse Olimpia por narrar esta lucha que, con sangre, sudor y lágrimas, se ha convertido en una gran victoria.

Ficha técnica:

Entrevista exclusiva con Laura Miranda, directora de fotografía de la película Llamarse Olimpia, Mejor Largometraje Documental en el 23° FICM realizado en noviembre de 2025.

Viridiana Ballesteros Villalobos
Sección: Yo filmo -

Viridiana Ballesteros Villalobos

 

Apasionada por las artes, especialmente el cine. Fue parte del jurado en La Matatena Festival Internacional de Cine para Niños… y no tan Niños, y ha participado en diplomados y cursos de realización cinematográfica. Disfruta de la lectura, la pintura, la música y la danza en su tiempo libre.

Enviar un comentario

Add a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *