¡Vámonos con Pancho Villa! 90 años de la Revolución al desnudo
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“Si me han de matar mañana, que me maten de una vez”. 

“La Valentina” (corrido mexicano)

La Revolución Mexicana fue un acontecimiento trascendental en la historia del país. Además de ser la primera revolución social del siglo XX, abrió la puerta a profundos cambios políticos y sociales en México. Por su impacto en la identidad cultural y nacional, la Revolución aparece una y otra vez en obras literarias o en el cine, que dramatiza y trata de representar sus objetivos y su complejidad para invitarnos a debatir sus resultados. 

¡Vámonos con Pancho Villa! es un ejemplo perfecto, novela revolucionaria escrita por Rafael F. Muñoz en 1931 y adaptada al cine en 1935 por Fernando de Fuentes, uno de los pioneros de la cinematografía nacional. En 2025, esta película que además forma parte de la Trilogía de la Revolución junto con El prisionero 13 (1933) y El compadre Mendoza (1934), cumple 90 años. En su momento fue una producción de gran escala por la perfección técnica de sus escenas de batalla, grandes planos generales que proyectaban el tamaño del ejército de Francisco Villa y el rodaje en exteriores, pues la cinta fue de los primeros trabajos como director de fotografía del reconocido Gabriel Figueroa

A pesar de que hoy es considerada entre las mejores películas del cine mexicano, en su estreno original la taquilla no fue favorable, lo que casi provoca la quiebra de su compañía productora, Cinematográfica Latinoamericana, S.A. (CLASA). El desencanto inicial con el público probablemente fue provocado por su anécdota con una visión más crítica y menos grandiosa de la Revolución Mexicana.

El llamado a la Revolución. Créditos: Filmoteca UNAM.

Partiendo de este enfoque, ¡Vámonos con Pancho Villa! se centra en seis rancheros apodados “Los Leones de San Pablo”, liderados por Tiburcio Maya (Antonio R. Frausto), quienes con ilusión y convicción por la Revolución se unen a la División del Norte del general Pancho Villa (un Domingo Soler carismático, seguro, con mirada firme, a ratos de menosprecio), a quien admiran por su coraje y la esperanza que representa. Al entrar en combate contra el ejército huertista, los amigos serán vistos por Villa como hombres valientes y merecedores de su respeto, pero conforme la lucha se alarga y el grupo se reduce, aparecen los cuestionamientos alrededor de los motivos de la causa revolucionaria y, claro, sobre la lealtad a muerte hacia el líder de Los Dorados. 

Lejos de la mirada idílica y romántica de la Revolución en películas de su tiempo y posteriores, la película busca una representación realista de la misma. Sus escenas de batalla no pretenden glorificar la acción, sino mostrar la verdadera faceta del aspecto bélico: la violencia, la caída de los compañeros de armas, el anonimato en el campo de batalla y la fugaz recompensa del heroísmo. Los personajes de Tiburcio Maya y “Los Leones de San Pablo” encarnan a los combatientes que, por emoción o principios, se unieron a los ejércitos revolucionarios en defensa de los derechos del trabajo y la tierra. Sin embargo —como se aprecia en una escena de fogata donde los seis camaradas se encuentran reunidos—, aunque aceptan con seguridad la posibilidad de la muerte y la asumen como un honor, con el paso del tiempo se enfrentan a un panorama desalentador debido al costo del conflicto.

Pancho Villa y la División del Norte. Créditos: Filmoteca UNAM.

La personificación de Pancho Villa evita caer en preguntas simplistas, en su heroísmo o villanía, y lo muestra como lo que muy probablemente era: una figura ambivalente. El carismático Centauro del Norte que dio esperanzas a todo un pueblo: el ágil militar que dirigió campañas contra las tropas de Victoriano Huerta, el campesino Robin Hood que generosamente repartía maíz a los desfavorecidos; pero también el comandante de un ejército en guerra que veía a sus milicias como números, el general que exigía hombría a través de métodos irracionales, el hombre implacable dispuesto a sacrificar a sus soldados cuando estos ya no fueran necesarios sin importar la lealtad jurada. 

La postura crítica pero imparcial de la película hacia la guerra y la figura de Pancho Villa tiene mucho que ver con el contexto social e histórico en el que se estrenó. En 1935 iniciaba el sexenio presidencial de Lázaro Cárdenas, antiguo general de la Revolución Mexicana, quien junto a su partido, el entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR), buscó reivindicar las demandas revolucionarias en cuestiones agrarias, laborales y nacionalistas. El contraste entre una sociedad que buscaba el cumplimiento de las promesas que había dejado la Revolución y el recuerdo de su naturaleza violenta, explica el preámbulo escrito de la película que especifica el homenaje al valor y lealtad de Francisco Villa, al tiempo que reconoce la crueldad de algunas de sus escenas debido a la naturaleza del combate.

De ¡Vámonos con Pancho Villa! existe un final alternativo, eliminado no sabemos si por decisión de Fernando de Fuentes o por la censura del cardenismo. Ese final, rescatado y restaurado por la Filmoteca de la UNAM, puede considerarse como un epílogo legítimo, aunque muy sombrío: Pancho Villa regresa por Tiburcio Maya y le exige que vuelva a luchar junto a su ejército, pero este se niega al no querer abandonar a su esposa e hija. Villa las mata, un dorado dispara a Maya por la espalda y se llevan a su pequeño hijo para la Revolución. Este final fue encontrado en 1973 en una copia de 16 mm muy deteriorada, que el público pudo ver por primera vez en una transmisión televisiva en 1982.

Los Leones de San Pablo ven caer a otro de sus miembros: Rodrigo Perea (Carlos López “Chaflán”). Créditos: Filmoteca UNAM.

Ahora se preguntarán: ¿por qué esta película sigue vigente después de noventa años? La Revolución Mexicana y los actores involucrados son temáticas estudiadas por diversas fuentes historiográficas. Son parte del folclore nacional e incluso despiertan curiosidad en estudiosos, artistas y autores extranjeros que si bien no están familiarizados con este suceso, reconocen a varias de sus figuras por su alcance intercultural y social. Sin embargo, como acontecimiento histórico y parte de la memoria colectiva del país, debe ser abordado desde una perspectiva realista y no meramente idealizada. 

Eso es lo que hace especial a ¡Vámonos con Pancho Villa!: una reflexión crítica sobre la Revolución al exponer su realidad marcada por el sacrificio, la crueldad y la pérdida, así como por la desmitificación de figuras centrales del conflicto como Pancho Villa, a quien se presenta en una faceta humana, de carne y hueso, cuyas acciones controversiales abren espacio para el debate. Como en miles de películas pobladas de héroes anónimos, en el conflicto los verdaderos protagonistas son aquellos guerreros que creyeron en causas orientadas a una vida más digna y justa, y aunque en el camino perdieron la vida o se desilusionaron con el desenlace, sus luchas e ideales aún resuenan en el México de hoy.

En esta liga pueden ver la copia de ¡Vámonos con Pancho Villa! restaurada por la Filmoteca de la UNAM.

Ficha técnica:

¡Vámonos con Pancho Villa!

(México, 1935)

Dirección: Fernando De Fuentes 

Reparto: Antonio R. Frausto, Domingo Soler, Manuel Tames, Ramón Vallarino

Guion: Fernando De Fuentes, Xavier Villaurrutia

Fotografía: Jack Draper, Gabriel Figueroa

Duración: 92 minutos

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